|
Durante más de un siglo, el protagonismo de la economía y de la innovación industrial estuvo ligado a tres grandes bloques económicos: Europa, Estados Unidos y Japón. Ese escenario ya no existe.
Los electrodomésticos ahora los compramos mayormente a China. Las cervezas de importación, a empresas mexicanas. El mercado de los salmones lo comparten Noruega y Chile. En la industria del cemento, los europeos han sido desplazados por una multinacional con casa matriz en México. En el rubro de las golosinas, una firma argentina ha asumido el liderazgo global. Y en diseño y manufactura de aviones un sector con una altísima concentración de actores , un nuevo jugador encabeza la lista de ventas a las aerolíneas de todo el mundo: Brasil.
El cambio es notorio, vertiginoso y sorprendente. En cada vez más sectores industriales y de servicios los protagonistas provienen de economías emergentes, economías donde el desequilibrio no es una eventualidad sino la regla. Son empresas que han surgido y se han hecho fuertes en una atmósfera de inestabilidad política, hiperinflación, tasas de cambio volátiles e infraestructura más bien precaria; así, inevitablemente los modelos de negocios de estos flamantes líderes traen consigo un nuevo lenguaje, un nuevo paradigma.
Esta realidad refleja el hecho de que las propuestas tradicionales de valor ya no son suficientes. En una economía globalizada y caracterizada por el cambio acelerado y la necesidad constante de ser creativos, no solo las respuestas, también las preguntas han cambiado. |
|
Hoy, en muchos casos es el cliente quien define el producto. En este escenario, las empresas deben afinar la intuición y trabajar con lo nuevo, con lo fugaz, con lo incierto. Y para ello no hay otro camino que aprender a interpretar las señales de un consumidor convertido en poderoso, de mercados emergentes que súbitamente pesan más que los tradicionales.
La innovación es la máxima expresión de la capacidad de adaptarse. Y la innovación, ¿en qué consiste? ¿Es posible sacar conclusiones que nos permitan navegar mejor en las turbulentas aguas del siglo XXI? Sí, es posible. Solo se requiere hacer una pausa y recargar energías para que comiencen a emerger las preguntas útiles, las propuestas rigurosamente prácticas, los paradigmas de vanguardia. Se puede.
Latinoamérica es nuestra multinación. Nos une un lenguaje, una historia y una cultura comunes. Nos caracteriza una misma pasión latina. Y Latinoamérica tiene mucho que ver con la transformación del paisaje en la economía global. Gran parte de las historias de éxito más recientes proceden de la región, cuyas compañías han desarrollado habilidades únicas para crecer y prosperar en los mercados globales. Aquí radica la fuerza de nuestra propuesta académica. Una experiencia única, que combina los elementos esenciales de la ciencia y la praxis de la gestión de las economías de equilibrio con los desafíos y respuestas peculiares de las economías emergentes, proyectadas hacia una economía global.
Éste es el Multinational MBA de la Adolfo Ibáñez School of Management. |